Hay momentos en la vida en que se toman los ejemplos o se dejan; que la informalidad no es buena compañera para crecer, momentos en que lo fantástico pierde su razón de ser y se hace necesario allanar el camino de la realidad.
Momentos que ayer fueron soñados y que hoy son vividos. Besos y caricias, nostalgia de otros años, momentos de la soledad bebida en el silencio... esa felicidad a gotas que busca y acelera el recorrer del tiempo y que a veces lo detiene. Preciosos momentos que nos envuelven en mantos de colores, los que nos abren los ojos y nos paran a mitad de camino.
Sabemos que en un momento se nace y en otro cualquiera podemos morir.
Eso es precisamente la vida, sucesión de irrepetibles momentos que al igual que el vaivén de las olas, así como llegan de inmediato se van. Momentos que son a la vez tu presente y pasado inmediato, momentos que puedes llorar de alegría y con profundo dolor. Aquellos, buenos y malos momentos que la vida te dio, pasaron y tú sigues aquí.
Hoy volví a recordar que, un momento puede llenar una vida, y una vida sin momentos es humo que arrastra el viento sin dejar huella...

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